Opositar duele

Cuando tomé la decisión de estudiar una oposición, se transformó el estilo de vida que tenía totalmente. Pasé, de tener una vida activa, social, divertida, satisfactoria y llena de planes interesantes, a directamente no tener casi vida en ningún sentido, más allá de ir y venir a la biblioteca y al trabajo.

Con el tiempo, este esfuerzo y dedicación exclusiva me pasaron algunas facturas:

  • Los últimos meses tenía dormido el brazo derecho casi todo el tiempo (afortunadamente me permitía escribir y no dolía, así que lo dejé pasar). Luego descubrí que tenía una hernia discal, que al estar sentada tanto tiempo se resintió demasiado.
  • Me dolían los ojos muchísimo al final del día.
  • La vida íntima de pareja desapareció, porque básicamente estaba muerta al llegar a casa y sólo pensaba en cenar y dormir. Afortunadamente, tenía total comprensión por la otra parte. Le debo la mitad de mi plaza.
  • El día antes del práctico, me levanté sin poder articular el cuello y tuve que hacer el examen como un bicho palo.
  • Me dolía la muñeca, los dedos, la espalda y el cuello.
  • Me dolían los oídos de los tapones.
  • Y más achaques que seguramente, he olvidado.

Pero aún así, misteriosamente y, ayudado supongo por el subidón de adrenalina de los nervios, todo se pasaba el día de los exámenes, que me sentía muy enérgica y focalizada. Tras hacer el examen, descansaba ese día, pero tenía que seguir (aún sin saber si había aprobado o no), porque mi oposición eran 4 exámenes consecutivos a lo largo de 4 meses. Así que, no había descanso. Reconozco que, en ese momento tampoco pensaba en descansar, sino en que la oportunidad de aprobar era esa, que no quería pasar más tiempo estudiando y que merecía la pena un último esfuerzo.

Mi sensación cuando veía mi nombre en las listas de aprobados, era como si la energía volviera a cargarse  al 100% otra vez.

Como veis, todos mis achaques son físicos, ya que intenté mantener sana y lo más despejada posible la mente y, básicamente, no amargarme. Me tomaba minidescansos. No podía descansar un día o una tarde enteras porque trabajando no me daba tiempo, así que hacía planes al final del día o la hora de comer. Tomaba una caña con amigos al salir de la biblioteca, iba a cenar o al cine, o quedaba para comer. Así mantenía activa la vida social, que era lo único que me permitía desconectar ese ratito. En otros casos puede ser ir al gimnasio, clases de baile, partido de fútbol, ir a nadar, actividades extraescolares de tus hijos, etc. No dejes de tomarte y vivir como tal pequeños minidescanos, aun cuando tengas poco tiempo.

Pero sí, compañer@s, no os voy a engañar, opositar duele y bastante. Pero también te digo que se pasa y aprobar compensa todo el esfuerzo con creces. Tu vida será mejor para siempre.

 

Un comentario en “Opositar duele

  1. Raquel dijo:

    Y tanto que duele.. Lo de hincar codos es literal.

    Eso de que estudiar es fácil porque estás sentado en una silla… Sólo lo dice el que no toca el boli. En fin…ya pasará pronto o tarde.

    Genial post. Un saludo

    Me gusta

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